domingo, 25 de marzo de 2007

Recuento del primer año


Tengo un extraño sentido de haber cumplido con algo, al ver que la tarea que ingenuamente emprendí hace un año, tomo cuerpo y es hoy un cúmulo de emociones vertidas en la red.
Este proceso de tener mi blog, me ha permitido “poner ahí” temas que necesitaba mirar mejor, darles otra vuelta o definitivamente dejar irse.
Siento que tod+s quienes tenemos un blog, vamos por algo; para cada un+ diferente. Esta suerte de búsqueda va desde la fama, el desquite, el amor, el lucimiento, la espera de obtener compañía, la solidaridad, el registro de la propia vida, el olvido, la pasión , el gusto de escribir, el polemizar, el decirle de alguna manera al mundo, sea esta sutil o escandalosa: aquí estoy¡¡¡.
Yo no he podido ni he querido sustraerme de eso.
Y ahora estoy acá con las manos abiertas, agradecida de todo lo que he podido tomar.
Escribo desde que aprendí a tomar el lápiz, me pasé casi toda mi infancia en casa leyendo, cada minuto que podía y todo cuanto caía ante mis ojos ávidos de letras.
Antes de cumplir los 20 años, mi vida, tenía todos los elementos para transformarse en un excelente libreto para un culebrón latino. Hubo desde guaguas perdidas, hasta secuestros, por decirlo de una manera suave.
Y que decir de la época posterior y las que siguieron, los tiempos de la guerra fría, los bestiales, de los cuales logré salir.
Nada de lo que tengo me ha sido regalado, nada de lo que perdí ha vuelto y todo lo que he dado ha sido retribuido.
Tengo algunas certezas que me definen y una vida que no tiene turbiedades ni deslealtad. Soy honesta y radical, acostumbro no mentir y procuro no callar lo que siento. Y sé que debido a eso algunas veces inspiro amor y respeto y otras animosidades y enfado, como tod+s ¿no?
No acepto agresiones y en esta mi casa virtual, he sentido algo de estas últimas, gracias a la existencia de la posibilidad de recibir comentarios anónimos y hay seres que usan dicha herramienta para agredir. Sé que algun+s de los que lean esto también lo han sentido. Pero creo que el ocio da para mucho, y a veces nubla la mente de algunas personas. Eso ha sido lo único desagradable de mi experiencia en el mundo bloguer. Por eso finalmente y muy a mi pesar decidí no aceptar más anónimos. El único anónimo aceptado en este blog es mi querido Mrx. Pero sigue cerca y eso es lo que verdaderamente importa para mí.
El resto de mi recuento va por el orden del saldo alegre y creativo y es que me he sentido profundamente acompañada y he podido recuperar incluso vínculos que estaban perdidos en el tiempo, pero no olvidados en el corazón. Agradezco a tod+s quienes han pasado por este lugar y me han otorgado sus palabras o su impresión de lo que escribo.
Siempre agradecerá especialmente a ti Chuqui, mi amigo virtual number one, porque me has permitido aprender, porque te has transformado en un compañero de lo cotidiano, por tu enorme corazón y por el impulso que le diste a mis ganas de tener este espacio.
Y también a todos los malportados a quienes representaré en la Presidenta del Club, Petra la Rubia del Norte que no ha dudado nunca en manifestarme su sentir y apoyo.
Gracias por su manera particular de estar.
Esto es para celebrarlo. Salud¡¡¡

martes, 20 de marzo de 2007

Cartas al prisionero II

Palabras, palabras, la posibilidad de construir, de recrear el mundo, en un dejo de sentidos pospuestos, no te toco; hoy no puedo, hoy no te tengo, más puedo hablarte y signar con eso mi carencia, de ti...de lo que no hemos tenido...

Te me pierdes entre la gente y las palabras de otros y yo desde una esquina mirándote, sin tocarte, viéndote, observándote.

En un juego de matices y colores, desde lo nítido de tus manos, a lo mas oscuro de mis sueños no expresados...los que me guardo y prefiero no decir y me los quedo como un secreto que me inunda y sigo callando.

Me acosa el silencio, me hiere también y puedo intuir el llanto que me espera, no puedo ser menos ni más que esto. No puedo...amarte, no puedo tenerte, y necesito tu imagen, tus palabras y no quiero rebelarme ante la posibilidad de todo lo que traes, de todo lo que eres y podría descubrir y en el minuto que se agrandan mis anhelos, surge la imposibilidad de estar contigo y yo no quiero, no debo, no espero, y me voy...a mi vida, a mi día a día, a mi posibilidad imposible de sentirte mucho más profundamente y se me hace un huequito en el alma, donde se cuela mi incongruencia y mi no poder tenerte siempre.

Me niego, me levanto otra vez, le hago un guiño a la fortuna, y voy tratando de parar el tiempo, de detener mi historia, asir la tuya por un instante y crear un cuento que nos tenga por protagonistas, donde no existan personajes secundarios, donde no medien tiempos, ni permisos, ni rejas, ni historias paralelas, donde las avenidas no tengan habitantes, ni posibles espectadores, en una noche larga, larga, que sea sólo eso, noche, que permita el encuentro y los sonidos de nuestras presencias unidas, como he imaginado, unidas y cerca tan cerca como sea posible, creando un momento que nos redima.

Palabras, susurros en tu oído, promesas, suavidad y deseo, cariño y abrazos, palabras de a poco, de a poco, que puedan dar cuenta de mis deseos, deseos de ti, de tu compañía, de nuestros cuerpos que se extasíen el uno en el otro, caricias, caricias desde mi-tu cuerpo para el mío, y en el tuyo; mis manos recorriéndote, aprendiéndote, aprehendiéndote, conociéndote, reconociéndote otra vez, una sola vez y quizás baste, y te traiga a mi y te recupere desde tu encierro, y recreemos la vitalidad, la intensidad, y finalmente nos podamos situar en lo que viene, lo que se nos viene, pura y hermosa vida juntos...y todo siga así... en la dulzura y placer de amar.

(Año 1990)

sábado, 17 de marzo de 2007

Cartas al prisionero I


Estoy en mi casa solitaria, en la absoluta soledad de lo que sin ser evoco, en un desasosiego que me otorga tu presencia, no soportando la ya sabida ausencia.

No recuerdo el minuto preciso en que llegaste, ni que en mi se produjo la resolución de saberte, de ir más allá de nuestros actos rebeldes e ingenuos, no se en que instante comencé a desearte.

Nada de esto debiera, pudiera o tuviera, nada... y es todo, y sé que lo que queda, es ser, ser desde el poder y no desde el deber; en la posibilidad de hallarte en el plácido lugar que podemos.

Te escribo, te escribo, porque no te tengo, porque no se cuando, ni donde, porque cierro mis ojos y te veo ahora, porque un suspiro recorre mi pecho, porque ahora quisiera ir hacia ti y besarte, colmarte de las caricias que me provocas de las sonrisas que secretamente inspiras, y aquí me tienes... sumida en lo profundo de lo que cifra tu imagen, agradecida por tu cercanía, ansiosa de más, aunque me arrepienta, aunque me complique, aunque quisiera de verdad no querer.

Permíteme, las palabras, déjame eso, sácame de la cordura que me arrastra, evítame la imposibilidad de no ser en ti, no quiero mentirte, ni engañarte, no quiero quedarme en la indecisión que me prive del contacto privilegiado de tu cuerpo.

Quiero no saber de mi, abandonarme dejarme llevar y no estar en el futuro, ni en tu mañana, ni en tus proyectos, ni en tus sueños, quiero la valentía necesaria para no dejar de mirarte como lo he hecho, ni de ser tu... lo que sea, pero ser... no extinguirme no desaparecer...no extinguirme, no desaparecer.

(Enero de 1989)

domingo, 11 de marzo de 2007

KAMIKAZE

Invocando al Dios del viento (kami kaze), parte a su batalla, prepara cada paso que le lleva a su destino final. Ha sido fatigoso el asedio, se ha resistido todo lo posible. Pero ahora no queda más nada que librar este combate impostergable. Ante el enemigo, la única cosa que queda por hacer es demostrar que se tiene el coraje suficiente para sacrificar todo por la causa. Ante la evidencia de la derrota recuperar el ser guerrero y no transar con lo único que queda. El Giri (justa razón) asiste cada uno de sus pasos. Aunque sepa que de razón no hay nada, pero le sostiene un ancestral sentido del deber y la entrega total. Lo que menos importa es lo que se perderá, el deber es ineludible, frente a la perdida de la guerra, solo queda un último gesto que demostrará que ante la presencia del invasor no te entregarás…

Antes de dormirse, en el instante que separa la vigilia del sueño, antes de que venga la noche con toda su carga de oscuridad y se cierren sus ojos, en ese antes tan solitario y secreto se deja llevar por los recuerdos. El día que ya acaba, las preparaciones en la cocina, los pequeños oficios que emprendió: saltar de la cama antes de las seis, el cuarto de baño, vestirse, cada dos días; hornear el pan, recoger el periódico, para luego desayunar y ocuparse de cada detalle que le trae orden. Ese es el ritual de cada día, ir una a una por cada habitación de la casa, repasar los muebles, ordenar los papeles de su escritorio, separar por temas los libros que estarán junto a ella en ese día, llamar por teléfono y saber de la gente con la que aún conversa (cada vez menos). Y luego ponerse a hacer lo suyo: releer las historias, registrar datos, buscar referencias, someterse a las palabras dichas antes, buscar claves que le permitan aumentar los datos que requiere en cada estudio, es lo único que le permite disciplinarse, no perderse en sus pensamientos y sobrevivir. Ella se dedica a apoyar el trabajo de otros, a indicarles las faltas y complementar su desarrollo, la va bien con eso, ya tiene reconocimiento en su tarea, sabe que es de las mejores en su oficio, respetada por su confidencialidad y precisión, nunca emite comentarios que no sean de utilidad, es capas de hacer en corto tiempo lo solicitado y de ayudar cuando alguien no puede dar con la idea última que cierre un buen escrito. Un antiguo amigo la recomendó en el departamento de literatura de su universidad, luego se corrió la voz entre los historiadores y así en poco tiempo pudo tener una clientela segura y confiable.

Es el mejor trabajo que podría tener, ella lo sabe bien, quince años se cumplirán el próximo mes. Quince años en los que nadie que conoció ha entrado en su casa, no recibe visitas. Salvo personas de compañías de reparaciones o esas cosas básicas para mantener un espacio habitable. Cuando esto ha sido ineludible deja las instrucciones y los pagos en la mesa del comedor y espía por las ventanas. Ha administrado de manera tal sus relaciones, que ya nadie le pregunta si necesita algo, quince años de rituales repetidos de manera exacta a fin de preservar su precaria unidad. Los vínculos que sostiene con otros son cordiales, serenos y llenos de sobreentendidos, nadie quiere alterar su mundo, ni inquietarla. Han tenido tres ayudantes en todos estos años, pasan cada quince días por su casa a recoger los documentos que prepara, o para traerle los alimentos y libros que ella necesita, ella hace todo lo necesario a fin de que nada altere los ritos. Desde que apareció la Internet, manda correos una vez por semana en donde responde dudas o entrega solicitudes que le aclaren las cosas que precisa para continuar en lo que esté emprendiendo en ese momento. Ella hace todo para evitar el mundo de afuera, incluso la mantención del huerto que posee en el jardín le permiten acrecentar su sentido de defensa. Logró controlar de manera tal sus acciones que no enferma. Se cuida en todo, mide calorías, registra cada descubrimiento de cura y prevención, incluye variadas hierbas en su balanceada dieta, toma agua como mínimo tres litros diarios, bebe una copa de vino en el almuerzo y las pocas veces que ha tenido alguna cosa extraña, se dedica meditar, hasta que puede sentir en su respiración el retorno del ritmo de la salud…

Este día se levanta pensando en todo lo que no tiene, en todo lo que ha dejado de lado, en todo lo que eligió suspender, en cada detalle que la ha llevado a este simulacro de vida y se da cuenta que lo único que le sostiene es comprobar cuanto más puede resistir...

*Para Juan que llueve love, gracias por estar.

miércoles, 7 de marzo de 2007

A modo de regreso transitorio

Ser mujer, lo femenino, las mujeres, las hembras, las damas, las señoritas, las desordenadas, las locas, las divertidas, las fomes, las gozadoras, las reprimidas, las querendonas, las frías, las que vienen y las que van, las fieles, las perversas, las simpáticas, las pesadas, las perras, las putas, las virginales, las apropiadas, las conservadoras, las que la rompen, las que avanzan, las que se quedan, las que pelean, las que no insisten…

A todas ellas y obviamente a ustedes mis queridas amigas que me leen y he encontrado en este espacio virtual... un saludo y un poema a modo de vuelta a este sitio de mujer...


No me arrepiento de nada

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
—ellas habitando en mí queriendo ser yo misma—
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
—en horas de oficina—
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

Gioconda Belli
(poeta nicaragüense)