sábado, 27 de octubre de 2007

LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDOS




Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure
en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá
en el fondo.
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.
Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

De Gonzalo Rojas en “Contra la muerte”

martes, 23 de octubre de 2007

La Primavera en ti



¿Y qué decirte ahora?, cuando te has ido haciendo un susurro quedito para acunar tu pérdida. ¿Y cómo estar? cuando deseo que la vida siga con colores para tí y en ti, ¿y cómo hablarte? Puede ser que lo logre desde esa fuerza que a veces se me agota. Hay veces que no sé, ay ay ay. Pero siento, siento desde la distancia y desde mi propia vida y mis pérdidas y mis combates, es el lugar que escojo hermanita querida para acompañarte en estos días. Porque nos sabemos, porque compartimos la risa y las lágrimas también.

En el día a día, en tu guarida en el refugio dulce que otorgas a todos con esas palabras mágicas que hilan tus manos y que se desprenden de tu cabeza hermosa y siempre pensante y sigo mi compañera de ruta sabiendo que al hablarte a ti le hablo a tantas otras bellas que pasan cerca de mi y que me sostienen con su risa, con su compañía y su confianza.

Tiempos mejores siempre llegan, eso tú lo sabes, todo se puede recrear y la fe es parte de la vida, a mi no me importa el nombre que le das, yo se que tú eres de las que cree; en la magia, en los sueños, en la vida y en el amor. Yo sé que todo lo que sucede ahora es parte de crecer y de esas cosas misteriosas que vienen a remecernos, para que podamos atender a lo preciso, para que podamos ser capaces de detenernos y reconsiderar, sólo eso parte de crecer y creer.

Desde acá mi abrazo, mi certeza del gran amor que habita en ti, mi posibilidad cierta de seguirte de cerca como hasta ahora y mi mano extendida para ti siempre en espera de que capullito vuelva para florecer.


Te quiero mucho

domingo, 7 de octubre de 2007

La Uva y el Vino

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:
-La uva -le susurró- está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.
(Eduardo Galeano. El libro de los abrazos)

Voy a dejar que el silencio me acune,

Para poder escuchar lo que necesito, lo que me falta y me debo.

Voy a dejar que mis oídos descansen de las voces que me pierden, y mi piel de las pesadillas que me llegan de noche aún.

Voy a trenzarme el pelo para poder soltarlo luego y dejar que los pájaros sigan haciendo nidos en él.

Voy a mirar la noche con los ojos cerrados, para sentir mientras el viento me roza la cara.

Voy a ver como vuelve mi sueño, a regalarme vida.

Voy a irme un instante para poder Siempre volver: al sitio en que soy, al lugar donde me encuentro, a la maravilla de saberme en este ir y venir constante de las palabras.

martes, 2 de octubre de 2007

El Patio De Mi Tu Casa

* Ruth Araceli Rodríguez

No iba a decir nada, iba a dejar que los recuerdos me atravesaran y se diluyeran, iba a olvidarme que esta fue mi casa, que este fue mi patio, que acá me senté alguna vez a fumar un cigarrito. Que hicimos una fiesta de disfraces con las Juanas, que yo me vestí de puta, y mis amigas de diosas, que había una sacerdotisa verde, que el patio se llenó de globos y de risas, que llegaron los pacos y salió a recibirlos una monja sexy, mientras yo hacía que dormía la mona pa’ no ir a entenderme con los pacos porque no me gustaban y nunca me van a gustar y que yo esperaba cosas en ese tiempo, que todo era tan intenso y yo me reía de otra forma.

A veces iba a la feria, teníamos perros y gatos, muchos gatos, que nos iban siguiendo por Santiago, teníamos otras cosas, teníamos… yo te tenía a ti, y de alguna manera tú me tenías a mi, nos tuvimos, la una al otro, el otro a la una, a las dos, a las tres, a las cuatro a todas las que yo era en esos tiempos que mi alma estaba tan dividida. Y ahora en el patio hay todo lo que no había antes y yo me paseo sintiendo que todo lo que existe ahí no es mío, pero que nada de eso me es ajeno, porque no me gusta que se esté oxidando la salmandra tirada en el patio y pienso en volver, a la casa, a ese lugar, me pregunto dónde será mejor dormir, si hacia a la calle o volver a la pieza que da al patio, que es la más linda, la más silenciosa, pero tiene demasiada historia, ahora todo tiene demasiada historia, todo tiene un antes, todo estuvo aquí, y voy a tener que ir con eso, con todo eso en cada lugar, en cada tarde, en cada día que me acuerde que de tanto tenernos ya no nos tenemos como nos teníamos y voy pensando en eso… en como te tuve, en como nos tuvimos, en como aún pese a todo y con todo y sin el todo, con los perros que se fueron, con la huída de los gatos, con la pérdida de los resguardos, con la sapiencia de los años, con la clarividencia que hubo en las noches en que todas se sentaban en la cama a pedir cosas distintas que nunca obtuvieron, pero que insistían en salir a buscar cada una por su lado hasta que por fin las pude juntar en una sola que no iba decir nada y que no dijo nada y solo se sintió feliz porque te tuvo y siempre te tendrá. Sin el patio, pero con tu imagen ahí, paseando a una perrita con cara de perrita con una correa rosada, mientras yo me voy, sin el patio, pero con todo lo otro, que es más.